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28 April 2017

Pablo Rojas W.

Director de la Dimensión Ambiental

Asociación Empresarial para el Desarrollo (AED)

 

El modelo de desarrollo seguido por las economías del mundo ha implicado una total correlación entre las mejoras de calidad de vida y los impactos ambientales asociados. Lo anterior puede observarse en la siguiente figura, donde se correlacionan el índice de desarrollo humano (IDH, indicador social que contempla los parámetros de vida larga, saludable, digna y educación) y la huella ecológica (HE, indicador ambiental que mide la demanda humana que se hace de los recursos existentes en los ecosistemas del planeta).

Resultado de imagen de Huella Ecológica Marcelesi 2012

Fuente: Marcelesi, 2012.

 

Resulta evidente la existencia de una tendencia hacia el incremento de la HE conforme aumenta el IDH. Esta correlación se debe al paradigma de que para lograr un mayor bienestar socioeconómico se deben generar más externalidades ambientales. Nótese además la presencia de dos líneas punteadas para el IDH y la HE, las cuales demarcan límites óptimos en cada indicador: un IDH de 0,8 o superior, y una HE de 1,8 hectáreas globales por habitante o inferior. Por ende, un país que logre un IDH superior a 0,8 y una HE inferior a 1,8 caería dentro del denominado “cajón de sostenibilidad” (ubicado en el extremo superior izquierdo de la figura).

La meta del desarrollo resulta entonces clara: debemos trabajar en llevar los círculos naranjas hacia el cajón de sostenibilidad. Y para lograrlo, es fundamental desligar el desarrollo socioeconómico de las consecuencias negativas ambientales. A pesar de que llegar a este desacoplamiento requiere de un enfoque holístico, la eficiencia en el uso de los recursos resulta inevitablemente uno de los grandes focos de atención, dado que dicha eficiencia funciona a manera de un engranaje que conecta ambos conceptos.

Ciertamente, a nivel histórico las economías se han centrado en mejorar la productividad, calidad y cantidad; y las externalidades socioambientales de las actividades han pasado a un segundo plano. Los riesgos asociados a este modelo son de grandes dimensiones e insostenibles. Por un lado, el agotamiento de los recursos ya es una realidad. La escasez de las materias primas, minerales y agua (por citar algunos) incrementan su costo, aumentando a su vez la brecha social entre aquellos que pueden pagar los nuevos precios y aquellos que no. Por otra parte, la contaminación del ambiente por descargas realizadas adrede o accidentales de residuos sólidos, líquidos y de emisiones de gases, significa problemas a escalas locales, nacionales y globales.

Según el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, por sus siglas en inglés) la eco eficiencia se logra mediante la distribución de “bienes con precios competitivos y servicios que satisfagan las necesidades humanas y brinden calidad de vida a la vez que reduzcan progresivamente los impactos medioambientales de bienes y la intensidad de recursos consumidos durante el ciclo de vida completo, llevando todo esto a un nivel al menos en línea con la capacidad de carga de la Tierra."

Fuente: WWF, 2017

La eco eficiencia recobra especial interés y urgencia al tomar en cuenta que desde la década de los 70 la huella ecológica del planeta superó la biocapacidad, entrando a un umbral de sobregiro que cada día se hace más amplio.

Concretamente, WBCSD establece que para lograr la eco eficiencia es indispensable reducir la intensidad en el uso de recursos materiales, disminuir la intensidad energética para producir bienes y servicios, reducir la dispersión de materiales tóxicos, mejora la reciclabilidad de los materiales (economía circular), maximizar el uso de energías renovables y aumentar la durabilidad de los bienes.

No obstante, la eco eficiencia no se limita a mejoras en el desempeño ambiental de las organizaciones, ya que además lleva a las empresas a una mejor comprensión de sus procesos, un aumento de su productividad, ahorros económicos, una mejora en la gestión de los riesgos y un aumento en la motivación de los colaboradores.

Ahora más que nunca, se debe pensar globalmente, pero actuar localmente. Solo de esta manera se producirá el gran cambio de paradigma que necesita nuestro desarrollo.